En cuanto al envío de militares en la frontera, los resultados se han centrado más en incautaciones y arrestos que en el tratamiento de la crisis migratoria, en la que las organizaciones de derechos humanos piden poner el foco. Desde que el 5 de febrero Sheinbaum envió a 10.000 soldados a custodiar lo más de 3.000 kilómetros de línea divisoria, el operativo ha detenido a 1.026 personas y ha decomisado “1.004 armas de fuego, 113.058 cartuchos de diversos calibres, 3.990 cargadores, 17.187,12 kilogramos de droga, entre ellos, 55,90 kilogramos de fentanilo, 870 vehículos y 116 inmuebles”, según datos difundidos este lunes por el Gabinete de Seguridad.
Las acciones militares se han enfocado en los Estados fronterizos de Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Sonora y Tamaulipas (llama la atención la ausencia de Coahuila en el último informe), además de Sinaloa, que si bien no está situado en la línea, es el epicentro de producción de fentanilo. Su capital, Culiacán, es desde septiembre el frente de batalla entre las dos facciones más poderosas del Cartel de Sinaloa, Los Chapitos y La Mayiza, que disputan la sucesión de la gigantesca organización criminal tras la captura de su viejo líder, Ismael El Mayo Zambada, que también aguarda juicio en Estados Unidos.
Los arrestos en la frontera se centran en traficantes de drogas, armas (de las que tres cuartas partas provienen de Estados Unidos) y personas. La migración continúa siendo, sin embargo, la gran incógnita en la estrategia de Sheinbaum y sobre la que menos se ha pronunciado. Este lunes, vagamente, esbozaba: “Con respeto a los derechos humanos estamos disminuyendo el número de personas, sobre todo de otros países, que llegan a la frontera norte. Pues persuadiendo, apoyando, buscando la manera de que encuentren una opción distinta de llegar al norte, también incluso por su protección”.
A Sheinbaum solo le queda esperar, ver por dónde saldrá esta vez su imprevisible compañero de baile. Mientras tanto, de vez en cuando, deja algún recado también a Estados Unidos, como su rol protagonista en el tráfico de armas hacia México. “Ya no solo es armas, también cuánta droga o cuántos precursores de fentanilo entran en Estados Unidos, esa cifra no la conocemos, porque dicen que entra por Canadá y que entra por México, ¿a poco no entran por Estados Unidos los precursores de fentanilo? ¿O se revisa absolutamente todo lo que entra a Estados Unidos?”. Aun así, tiene claro que está en manos de los vecinos norteños: “¿De quién depende el arancel? Pues del presidente Trump (…) Si aun con todo eso, el presidente Trump toma una decisión, pues es su decisión, y nosotros también tomaremos nuestras decisiones”.
