Al trabajar honradamente y esforzarse para ganarse el pan cada día de su vida, Alfonso Hueda, mejor conocido como “Boliman”, se ganó el cariño y el respeto de los soledenses.
Tras su muerte, ocurrida la tarde ayer viernes, “Boliman” ha ingresado a la memoria colectiva de los personajes urbanos del Municipio de Soledad de Graciano Sánchez.
Admirado por los clientes con los que interactuaba y a veces “acarrillado” por algunos estudiantes por sus rasgos orientales, “Boliman” recorrió durante más de 30 años las escuelas, oficinas y mercados sobre ruedas de nuestro querido Municipio, ganándose el pan de cada día vendiendo bolis de sabores, siempre de buen humor, muy platicador y dispuesto a instruir a sus clientes o relatarles episodios de su vida o sucesos ocurridos en otros lares de la ciudad.
A pesar de su modo de vida sencillo, “Boliman” era descendiente de una familia asiática y poseía una instrucción admirable. Su aspecto sencillo, casi siempre con su guayabera en tono claro y a bordo de su bicicleta cargada con una hielera de unicel repleta de bolis de horchata, rompope o de tamarindo, contrastaba con su dominio del idioma inglés y japonés, así como de la cultura general.
Alfonso vendía bolis y regalaba historias. Sus clientes se admiraban cuando, al momento de despachar sus helados, el hombre entrado en años, de brazos curtidos por el sol recitaba algún poema en la lengua de sus ancestros, o conversaba en inglés con algún turista extranjero perdido en las calles de Soledad o con otros estudiosos de la lengua.
Pero también ejerció funciones de juglar al transitar de colonia en colonia y compartir con sus clientes y conocidos las historias que registraba en cada lugar que recorría, al grado que se convirtió en todo un personaje urbano como Cristina Jalomo, creadora de las Enchiladas Potosinas, o Don Lalito, quien vendía empanadas en la zona metropolitana montado en su triciclo y posteriormente en una Combi.
También se dice que era compositor y que algunas de sus letras fueron convertidas en canciones por algunos grupos locales, sin embargo, hace un mes aproximadamente dejó de vender bolis en las calles al detectársele cáncer.
Políglota, conversador, emprendedor y autosuficiente, pero entre todas sus cualidades, la mayor de don Alfonso era su sencillez y el ejemplo de supervivencia que le ha dejado a los habitantes de Soledad de Graciano Sánchez, pues “Boliman” trabajó hasta hace un mes, en que su cuerpo no pudo más.
Don Alfonso murió a la edad de 77 años. Sus restos son velados en la calle de Constitución de 1917, en la cabecera municipal del Municipio que recorrió junto a su bici y su hielera de bolis por todos sus rincones.
Descanse en paz.
