Selección Mexicana: Baño de realidad en medio de tanta soberbia
Mar 25, 2024
No hay golpe de realidad que valga para que el futbol mexicano escarmiente e intente tomar rumbo hacia una verdadera reconstrucción.
Hace ocho meses, la Selección Mexicana ganó la Copa Oro de forma apurada ante Panamá, torneo que desestimaron Estados Unidos y Canadá al mandar a sus equipos B o C; sin embargo, dicha conquista se celebró como si se tratara de la mismísima panacea para todos los males del balompié nacional.
El comisionado de la FMF —Juan Carlos Rodríguez— ordenó a sus achichincles organizar una fiesta en todo lo alto, con lo que lanzaron videos y porras desde las redes sociales del Tricolor, colocando a los futbolistas prácticamente como héroes de la patria.
Como ha sucedido en tantas otras ocasiones, se proclamó “borrón y cuenta nueva”, se volvió a prometer que el objetivo para el próximo Mundial es estar entre los ocho mejores, alcanzar las semifinales en la Copa América, y algunas otras utopías.
Desde luego que no se dijo cómo se intentará llegar a dichos objetivos. A fuerza de fe y de la mano del ‘Jimmy’, seguramente con eso es suficiente. Pensarán ellos.
No hay una renovación en las convocatorias, se mantiene la necedad de colocar a Memo Ochoa como titular indiscutible, para nada es real que se fomenta la competencia, ni mucho menos se apuesta por los futbolistas que viven su mejor momento.
Se fue Gerardo Martino, el “gran culpable” de lo sucedido en 2022, según algunos cabecillas del Tri, y todo sigue en las mismas o peor. Con Diego Cocca y sin él; con Jaime Lozano y sin él.
Eso, aunado a que México no tiene la calidad individual que “venden” principalmente las televisoras, que cada cuatro años le encantan el oído a la afición con promesas en las que le hacen creer que “ahora sí” se conseguirán las anheladas glorias que se han negado por décadas.
Salvo Edson Álvarez, que juega en la mejor liga del mundo (la Premier League) y es un hombre titular y fundamental en el esquema de su equipo, México no tiene a futbolistas que se codeen con la crema y nata del balompié.
Los otros que están en Europa militan en ligas y/o equipos de segundo o tercer escalón, y en algunos de los casos ni siquiera son indiscutibles para sus entrenadores.
Algo están haciendo bien los vecinos del norte, que desde hace años asumieron el mando de la Concacaf y se dan el lujo de exhibir una y otra vez todas las carencias del Tricolor.
México no solo perdió la Final de la Nations League, no compitió, pudo ser goleado y se vio superado de principio a fin. Ellos son más fuertes, ellos son más rápidos, ellos son más hábiles, ellos son más certeros, ellos son más talentosos, ellos son mejores. En todo.
Es el enésimo baño de humildad que recibe el futbol mexicano a través de su representativo nacional, y con toda certeza será la enésima ocasión en que se desaproveche dicho escarmiento. Hay que reiterarlo, a México no lo trae de “hijo” Brasil, Alemania, Argentina, Francia o alguna potencia futbolística; ¡lo trae de “hijo” Estados Unidos!
Para dimensionar la gravedad del asunto, Serginho Dest, jugador que fracasó en el Barcelona y en el Milan, y que hoy es compañero de Hirving Lozano en el PSV, parecía Cafú frente a los tricolores. Hizo lo que quiso por la banda derecha y dejó muy mal paradas a varias de las estrellas de papel del conjunto azteca.
Lo realmente triste de este nuevo episodio oscuro alrededor de la Selección Mexicana es que todo seguirá igual. Jaime Lozano recibirá un voto de confianza, se dirá que la Copa América será el verdadero parámetro, que se debe apostar por la continuidad de cara al Mundial de 2026 y que en realidad no estamos tan mal como se cree.
A qué grado de mediocridad se ha llegado, que algunos jugadores mexicanos declararon después de perder una nueva final, que “se le compitió a Estados Unidos”, como si eso fuera un timbre de orgullo.
Y acá nadie se salva: futbolistas, entrenadores, directivos, aficionados y por supuesto, medios de comunicación, tienen distintos grados de responsabilidad en la medianía en que naufraga desde hace décadas el balompié nacional. Hay una sinergia que se mantiene bien estructurada para que no exista progreso alguno.
A estas alturas ya nadie debería “comprar” una serie de “verdades” que se pretenden imponer desde los diferentes sitios mencionados: No, Memo Ochoa no es el mejor portero en la historia de este país y eso le otorga pasaporte automático a su sexto mundial y jugar como titular; no, Jesús Gallardo no es el único lateral izquierdo disponible; tampoco Uriel Antuna es la alternativa más eficaz por la banda, partiendo de que no sabe ni centrar; mucho menos es obligación mantener sí o sí a Luis Chávez y Érick Sánchez, solo porque tienen buenos antecedentes.
En la Selección Nacional no deberían existir las verdades absolutas ni los intocables; sin embargo, Jaime Lozano en su breve estancia al frente del equipo, no parece tener intención de erradicar esos viejos vicios.
Ya antes se aferró con la convocatoria de Héctor Herrera y en contraparte tiene borrado a Alan Mozo por una vieja rencilla, como si se tratara de dos niños de primaria que no pueden resolverla con una llamada telefónica.
No son buenas las señales con este joven entrenador: México perdía 1-0, había tres o cuatro futbolistas totalmente desconectados del partido y fue incapaz de modificar hasta que cayó el cantado segundo gol de Estados Unidos. Demasiado tarde. Y en los partidos decisivos, no en las cascaritas para ganar dólares, se ve la capacidad de un director técnico.
Así las cosas, en unos días se olvidará este nuevo papelón y ya se encargarán los porristas de siempre de “limpiarle la cara” a la Selección rumbo a la Copa América.
En lo dicho, no hay golpe de realidad que valga para que el futbol mexicano despierte de una vez por todas. No lo hay.