• 25 mayo, 2026 1:39 am

Última Hora SLP

Las noticias y acontecer de San Luis Potosí en un Click

El sorteo del Mundial en Qatar señala los inicios de un torneo como ningún otro

Abr 1, 2022

DOHA, Qatar — Para el Estado de Qatar, el sorteo del Mundial de Fútbol que se celebrará este viernes es la campana que señalará la última vuelta de una carrera iniciada hace más de dos décadas. Fue entonces cuando el país del Golfo Pérsico, modesto en kilómetros cuadrados, población y reconocimiento de su nombre (en aquel momento), pero rico en Producto Interno Bruto per cápita y ambición, decidió convertir al deporte en uno de los ejes centrales de su desarrollo.

El deporte elevaría el perfil del país, impulsaría oportunidades de negocio, aportaría alguna suerte de legado para el día cuando, inevitablemente, el petróleo y el gas natural se agoten. Esa era sólo una de las aristas de la estrategia: la seguridad (el Comando Central del Ejército de Estados Unidos para el Golfo Pérsico tiene su sede en Doha), los medios de comunicación (Al Jazeera) y la educación también eran prioridades. Pero en cierto modo, el deporte era el más significativo.

El paso más importante de este trayecto se dio el 2 de diciembre de 2010, cuando la votación del Comité Ejecutivo de la FIFA les otorgó la sede del Mundial de Fútbol 2022. Terminaría siendo un día lleno de controversias (tres de los 25 miembros del Comité Ejecutivo fueron suspendidos por actos de corrupción antes de que la votación se llevara a cabo; mientras que otros 11 fueron posteriormente vetados, procesados o suspendidos y el veterano presidente de la FIFA Sepp Blatter fue destituido pocos años después); sin embargo, significó que Qatar se había enrumbado sin poder dar marcha atrás.

Y ahora, llega el momento de la verdad.

El sorteo de este viernes definirá cómo las 32 naciones participantes se alinearán en grupos de cuatro selecciones cada uno. Bueno: definirá casi todo, porque la vida real, obviamente, ha interferido mediante una pandemia y una guerra, lo que significa que aún faltan tres cupos por definir. Salvo que se produzca un nuevo giro inesperado, una plaza será disputada por Ucrania, Escocia y Gales; otra, por Australia, Emiratos Árabes Unidos y Perú y el cupo final por Costa Rica y Nueva Zelanda. Mientras que la mayoría de los 211 países miembros de la FIFA vieron acabados sus sueños mundialistas hace mucho tiempo (y otros tantos se bajaron del carro en los últimos 10 días), los hinchas de 37 países pueden seguir aspirando, al menos hasta junio, cuando se disputen las eliminatorias restantes.

¿Qué se encontrarán cuando el calendario llegue al mes de noviembre y arranque el llamado “Mayor Espectáculo del Deporte Global”? Un Mundial como ningún otro.

Para empezar, estamos acostumbrados a ver países organizando Mundiales; sin embargo, éste es esencialmente un torneo celebrado en una sola ciudad: Doha. Qatar cuenta con una población cercana a los 2.5 millones de personas, y casi 90% de éstas residen en el área metropolitana de Doha. Siete de los ocho estadios sede se encuentran en el centro de Doha, o a pocos kilómetros de los límites de la ciudad. La que no está tan cerca (Al Khor) apenas queda a 48 kilómetros. Nunca en la historia de este deporte se habían concentrado tantas “cosas” (jugadores, hinchas, patrocinadores, ejecutivos, merodeadores) en tan poco espacio.

Asimismo, nunca se había disputado un Mundial de Fútbol en un sitio que se sintiera tan nuevo, tan desvinculado de las limitaciones de la historia y, específicamente, de la cultura del balompié.

La cultura catarí es rica y ancestral: seres humanos han vivido aquí desde la Edad de Piedra; sin embargo, la nación en sí no logró su independencia hasta 1971 y, durante gran parte de su historia, fue gobernada por otros, ya fueran británicos, saudíes u otomanos. Esa independencia, que coincidió ampliamente con el descubrimiento de vastas reservas petroleras y gasíferas, fue una bendición. Sus riquezas se salvaron (relativamente hablando) de ser extraídas por extranjeros. De repente, se encontró con una hoja en blanco en cuanto a su desarrollo, contando con dinero suficiente para hacer (prácticamente) cualquier cosa.