La gestión de Gerardo Martino, sin embargo, estuvo plagada de rebeldías, de mentiras y falsedades, como cuando negó casi bajo juramento que había implorado ayuda a Guillermo Almada para conseguir que en la Selección Mexicana el jugador tuviera el mismo nivel de intensidad, compromiso y rendimiento que el uruguayo consigue en Pachuca.

O sus negativas en 2020 para viajar a México, aún cuando la FMF puso a su servicio un jet privado. O cuando en 2022, pleno año mundialista, se negó de nuevo a viajar a México, cuando ya estaba en activo la Liga MX y cuando se le pedía que se acercara a sus posibles convocados al Mundial. Martino pasó los meses cambiando pañales.

O durante todo ese tiempo en que no se atrevió a confesar que el veto sobre Javier Hernández era estrictamente de Yon de Luisa, como el mismo entonces infausto presidente de la FMF lo afirmaría en encerronas con medios, especialmente a José Ramón Fernández de ESPN, y con TUDN y MedioTiempo.

O cuando la #Yunta de Dueños (dixit Sven-Göran Eriksson), la Asamblea de Propietarios, pues, le exigió que compareciera en noviembre de 2021, tras las bochornosas humillaciones ante Estados Unidos, pero Martino ignoró las indicaciones del mismo De Luisa para que hiciera acto de presencia y respondiera a los cuestionamientos de sus patrones.

Sin embargo, es temerario aseverar que, más allá de su íntima relación con Lionel Scaloni, el Tata Martino pudo haber vendido ese partido contra Argentina el 26 de noviembre en Lusail.

Puntualizo, venderlo no… entregarlo, sí, y cada vez quedan menos dudas.

¿Eran oportunas y necesarias hoy las revelaciones de Edson Álvarez? Siempre será mejor la verdad, aunque resplandezca de manera tardía, y a veces inútil, que seguir manteniéndola oculta.

Por otro lado, recuérdese, el acceso a los futbolistas en el Mundial estaba estrictamente restringido, incluso para los medios con derechos. Así que, ciertamente, no hubo muchos canales expuestos y abiertos para hacer estas revelaciones, a no ser, como ocurrió, gracias a la accidentalidad y audacia de los reporteros, esa noche en Lusail.

Pero quédese tranquilo y no blasfeme aficionado mexicano. Créame, Tata Martino no vendió el partido ante Argentina… pero sí lo entregó. No hay delito, pero sí, tal vez, se le pudiera cuestionar su honestidad moral y laboral, en una carrera que sólo prospera en el tercermundismo extremo de la MLS.