Es uno de los funcionarios culturales más longevos, llegó con el gobernador Horacio Sánchez a presidir el entonces Instituto de Cultura, antes CECA, para hacer a un lado a doña Rosita Valladares y su futuro yerno Norberto de la Torre, que ya habían sentado sus reales en el incipiente aparato cultural con eventos frívolos y derroche de los impuestos de los potosinos.
Como poeta y abogado, Fonseca se habría muerto de hambre, lo salvó su talento para la hechura de discursos priistas de gatopardismo, ha sido uno de los grandes succionadores del presupuesto cultural durante tres décadas con su fachada de intelectual progresista, siempre convalidó con su silencio o sus aplausos, según fuera el caso, la corrupción y autoritarismo de los gobiernos prianistas.
Los cazatalentos del foxismo lo reclutaron para revestir a la ignorante Sari Bermúdez que encabezó el CONACULTA, luego estuvo una temporada en su natal Aguascalientes y en el último tramo del sexenio de Carreras fue designado director del Centro de las Artes ante la intempestiva salida de Laura Elena González.
Eudoro fue un lacayo intelectual de un régimen que ya se extinguió, junto con él han quedado en evidencia otros burócratas de la cultura que no aportaron nada a la sociedad potosina más que su descaro para agarrarse del erario tantos años.
¿Más nombres? Ahí tiene usted a Armando Herrera, malogrado músico y uno de los peores secretarios de Cultura de la historia, Armando Adame, Salvador Castro de la Rosa, Fernando Carrillo Jiménez, el chihuahuense Jorge Humberto Chávez, catador de vinos, Héctor Esquer, Mario Alonso López y muchos otros que pasarán al olvido por su mediocridad.
Ya es hora de que Eudoro abandone el Centro de las Artes, que no se aferre ni pretenda impresionar a la nueva secretaria de Cultura, la contadora Torres. Le ha hecho bastante daño a la cultura y las artes de San Luis Potosí.
