“Cuando construyen un campamento donde planean ‘limpiar’ más de la mitad de Gaza, la inevitable interpretación de la estrategia es que no se trata de salvar a los palestinos. Se trata de deportarlos, expulsarlos y desecharlos”, declaró Olmert a The Guardian.
Los planes de Katz para lo que denominó la “ciudad humanitaria” se discutieron en una reunión con Netanyahu el domingo por la noche, según una fuente familiarizada con el asunto. Sin embargo, después de que los medios israelíes informaran que la construcción de la zona tomaría meses y miles de millones de dólares, la fuente afirmó que Netanyahu solicitó que su construcción fuera más breve y económica.
Yair Lapid, líder de la oposición israelí, criticó duramente los planes, y lo describió como un intento de Netanyahu de permitir que sus socios de Gobierno de extrema derecha se descontrolen con fantasías extremas solo para preservar su coalición. En un comunicado en redes sociales, Lapid instó a “poner fin a la guerra y traer de vuelta a los rehenes”.
Michael Sfard, abogado israelí de derechos humanos, declaró a CNN la semana pasada que el plan de Katz equivale al traslado forzoso de una población como preparación para la deportación. “Ambos constituyen crímenes de guerra”, afirmó Sfard.
“Si se realizan a gran escala –comunidades enteras– pueden constituir crímenes contra la humanidad”, añadió Sfard, quien descartó la idea de que cualquier salida de Gaza pudiera considerarse voluntaria.
