No son buenas las señales con este joven entrenador: México perdía 1-0, había tres o cuatro futbolistas totalmente desconectados del partido y fue incapaz de modificar hasta que cayó el cantado segundo gol de Estados Unidos. Demasiado tarde. Y en los partidos decisivos, no en las cascaritas para ganar dólares, se ve la capacidad de un director técnico.

Así las cosas, en unos días se olvidará este nuevo papelón y ya se encargarán los porristas de siempre de “limpiarle la cara” a la Selección rumbo a la Copa América.

En lo dicho, no hay golpe de realidad que valga para que el futbol mexicano despierte de una vez por todas. No lo hay.