La mexicana Paola Schietekat pasó del trabajo soñado a vivir una pesadilla. La joven se encontraba trabajando en el Supreme Committee for Delivery and Legacy, entidad encargada de organizar la Copa del Mundo de Qatar 2022, cuando sufrió abuso sexual.
Schietekar denunció lo ocurrido e incluso -unas horas después del ataque- forcejeó con su agresor, lo que le provocó moretones en el brazo izquierdo, el hombro y la espalda, por lo que decidió tomar fotografías de las heridas “para que mi memoria, en un intento de autoprotección, no minimizara los eventos o borrara por completo parte de ellos”, declaró .
Al denunciar el abuso ante las autoridades, éstas le dieron la opción de no hacer nada al respecto, pedir una orden de alejamiento o llegar hasta las últimas consecuencias, por lo que ella decidió seguir adelante, sin embargo, los resultados no fueron los esperados.
DE VÍCTIMA A ACUSADA
Tras acudir a las autoridades, la historia tomó un giro inesperado, pues la policía se puso en contacto con Paola y le pidió presentarse de manera urgente a la estación donde se encontró con su agresor, quien había declarado que ambos sostenían una relación sentimental, lo que en Qatar es considerado como delito.
“De un momento a otro, mi denuncia ya no importaba. La policía refirió el caso a la fiscalía pública, único lugar donde tuve un traductor. Todo se centró alrededor de la relación extramarital, mientras que, bajo mi abaya, la túnica que me recomendaron usar para parecer una ‘mujer de buena moral’ seguían las marcas, moradas, casi negras”, explicó Schietekat.
“Ese era mi trabajo soñado y me lo arrebataron, y no sólo mi agresor, me lo arrebataron las instituciones mexicanas que no hicieron absolutamente nada y las autoridades qataríes que rompieron incluso la ley local”, dijo.
A sido condenada a 100 latigazos y siete años de cárcel en Qatar tras denunciar abuso sexual; la economista, politóloga y antropóloga trabajaba en Catar como parte del Comité Organizador de la Copa Mundial de Futbol de 2022.
El 6 de junio del año pasado denuncio que cuando ella dormía en su departamento un hombre latino ingreso a su cuarto, cuando se despertó y se dio cuenta de lo que pasaba intento hablarle a la policía; después las autoridades mexicanas al ver que el caso se complicaba, Schietekat indicó que comenzaron a alejarse y dejaron de contestar incluso los mensajes.
“La embajada pues tenía un desconocimiento absoluto del idioma, de las leyes; me pudieron dar ayuda a medias: parte de la ayuda, entre comillas, que me dio el cónsul me metió incluso en más problemas al no asesorarme sobre cómo podía denunciar”.
